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19- LA FUERZA Y EL DESTINO DEL TIEMPO














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LA FUERZA Y EL DESTINO DEL TIEMPO
















Ignacio Ondargáin

NACIONALSOCIALISMO. Historia y Mitos

Capítulo XIX

 

  

LA FUERZA Y EL DESTINO DEL TIEMPO

 

 

 

1- La Fuerza

2- Tiempos de Apocalipsis

 

 

 

 

 

1- La Fuerza

 

A mayor Fuerza, mayor vibración; a mayor vibración, mayor pureza.

 

La intensidad de la Fuerza actuante determina la pureza o el grado del elemento o de la materia.

 

La Fuerza es un elemento que pertenece al ultramundo, por lo cual su manifestación sobre el mundo provoca vacío (no-mundo), es decir, un episodio de “antimateria” o un Sol Negro.

 

La Fuerza se proyecta sobre el mundo. En su proyección se posiciona sobre un elemento material cual es el carbón, modificando su estructura material, purificándola, perfeccionándola y dando lugar a un cuerpo de diamante. En el diamante hallamos pues un elemento de alta pureza cuyo principio raíz es la elevada intensidad o pureza de la Fuerza la cual determina y estructura su materia según un canon perfecto.

 

La Fuerza Pura es un “elemento” que es determinante en todo este proceso.

Como tal, tiene su génesis en un campo extradimensional el cual actúa como generador o catalizador del principio vital y estructurador.

 

Hállase en este punto extradimensional el Origen y la causa de toda manifestación sobre el plano físico conocido como material o perteneciente a las dimensiones de espacio – tiempo.

 

Toda manifestación material tiene Origen en una Materia Primera, la cual se nutre o genera en un principio por la proyección sobre el plasma pre – terrestre de este elemento que nosotros identificamos como “Fuerza Pura”, es decir, no caótica, condicionada ni sometida al elemento caos.

 

Toda “evolución” posterior de la Materia Primera sobre el plano terrestre no es sino manifestación de su proceso de sucesivas descomposiciones y degeneraciones.

 

Por lo tanto nos hallamos con la Fuerza Pura, elemento extradimensional generador y estructurador de toda realidad manifestada según las leyes físicas.

 

Esta Fuerza Pura es una suerte de principio vital o estructurador sobre cuya base viene a sustentarse la Materia Primera.

 

La Materia Primera es la materia virgen aún no corrompida por los agentes del mundo. Es la mítica Edad Dorada en la que la muerte, el elemento muerte, es “desconocido”, es decir, no tiene acción, no actúa.

 

Por su naturaleza incorruptible, esta realidad no mortal no tiene manifestación en el plano espacio - temporal, ya que, como hemos visto, el espacio – tiempo es el desarrollo sucesivo de un proceso o una “historia interminable” de corrupción y  descomposición.

 

La reversión de este proceso de muerte y descomposición deviene de un esfuerzo o actuación del elemento Fuerza sobre la materia bajo el signo de la esvástica sinestrógira (contraria al tiempo).

 

Vemos cómo la mítica “Edad Dorada Anterior” es un reino divino totalmente libre del elemento muerte – descomposición. Posteriormente, adentrándonos ya en el ciclo mortal y siguiendo con esta descripción, arribaría la Edad Dorada Terrestre, la cual es plasmación espacio – temporal de la mítica Edad Dorada inmortal o Anterior. Manifestada ya la Edad Dorada sobre la Materia corruptible, el tiempo de la descomposición habría empezado a actuar sobre ella, dando lugar a las sucesivas edades de plata, bronce y hierro. En la actualidad nos hallamos en la última de esta sucesión de edades.

 

La Edad de Oro Anterior sigue existiendo en el Origen si bien la Edad Dorada terrestre hace tiempo ya dejó de existir cubierta por el polvo y el lodo del tiempo.

A medida que la vibración de la Fuerza va perdiendo intensidad sobre la materia del mundo, el mundo va degenerando cada vez más dando lugar en el tiempo a una realidad cada vez más amorfa y desestructurada. El mundo “democrático” moderno así como sus respectivas manifestaciones especialmente representadas por su “arte” es un reflejo de este estado de caos y pérdida de Fuerza, vibración y esencia vital.

 

En definitiva, el tiempo del mundo no es sino el desarrollo sucesivo de un interminable proceso de descomposición y corrupción.

 

Este proceso se inició cuando la Edad Dorada fue proyectada sobre el plano terrestre, cayendo aprisionada en las redes de Maya. Entonces los agentes de la muerte y la corrupción penetraron su manifestación iniciándose el tiempo tal y como lo conocemos en la actualidad. El largo proceso de decadencia y fagocitación de esta mítica Edad Dorada por el mundo es, finalmente, lo que nosotros conocemos como tiempo y la consiguiente “historia” del mundo.

 

El proceso se halla ya muy avanzado tal y como nos lo muestran los signos actuales. La realidad del mundo moderno es una inversión total, una transvaloración total de la salud y de la realidad divina. El Sistema que domina el mundo promueve los grupos de degenerados e invertidos, favoreciendo y difundiendo el consumo de drogas, medicamentos destructores de vida, estilos de vida decadentes y viciosos... Como hemos explicado ya en otros capítulos esto lo hace públicamente mediante la promoción especialmente entre la juventud de grupos musicales drogadictos, actores de cine, presentadores televisivos y modelos drogadictos, enfermos, invertidos y degenerados... Mediante todos sus medios el Sistema “democrático” promueve valores del bajo astral sádicos, criminales y creadores degradación, conflicto y enfrentamiento, mientras oficialmente sus discursos hablan de “paz”, “libertad”, respeto a la infancia, respeto a la mujer... El Maligno es mentiroso.

 

¿Cuál es la intención de esta política mundial?. Oficialmente, el Sistema “democrático” es “bueno” y “el mejor de los sistemas posibles”. En realidad, la intención y la finalidad de su política tiene por fin extender sobre la tierra el crimen y la muerte. Acorde a su naturaleza maligna, el Señor y los agentes que dominan el mundo desde la sombra actúan destruyendo la Vida. Su intención es fagocitar, devorar la “Creación” poseída ya totalmente por los agentes de la enfermedad y la muerte.

 

 

 

2- Tiempos de Apocalipsis

 

Vivimos tiempos de Apocalipsis.

 

El tiempo en que vivimos, el dominio de Jehová sobre el mundo es cuasi total. Su principio es satánico, disgregador, caótico y antagónico al principio de la Vida y a las Fuerzas Creadoras del espíritu divino. El mundo se descompone, la corrupción todo lo cubre y el mundo emite un hedor insoportable. El Señor Oscuro ha extendido por el mundo su manto putrefacto y la belleza y la vida se marchitan. Como causante de este estado de corrupción Jehová trata de edificar su parodia de la realidad divina, un reinado maligno en el que la verdad ha sido totalmente invertida.

 

Así, mientras los agentes del mundo preparan ya el inminente reinado mesiánico, Jehová prepara simultáneamente un gran sacrificio de sangre que se diseña en la cúpula del poder mundial, donde sus elegidos actúan como ejecutores de sus sacrificios.

 

Habrá pues antes de la llegada del reinado mesiánico una gran guerra y un masivo sacrificio sangriento como “ofrenda por fuego agradable y conducente a descanso en el altar de Jehová”.

 

De las ruinas del mundo antiguo, Jehová ansía crear su mundo, un mundo en el que se borre totalmente la memoria de los dioses del pasado y del mundo antiguo y sus valores extraterrestres, así como su conocimiento de liberación espiritual.

 

Mas una vez destruido del mundo todo rastro del mundo antiguo, Jehová será incapaz de crear nada, limitándose a terminar de destruirlo todo, devorando los postreros restos de alimento. Los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgarán a galope fugaces segando las vidas mortales y los hombres cautivos, horrorizados, no entenderán cómo todo su mundo se desvanece.

 

Sucederá entonces que Jehová comenzará a deambular errante y sin rumbo llevado por su naturaleza profunda hacia ninguna parte, abandonando al judío y a su plan mesiánico, pues no tiene base ni fundamento para crear nada, sino sólo para destruir la Fuerza creadora de los arios. Jehová deambulará como un zombi sin saber qué hacer ni dónde ir y tan sólo buscará alimentarse ansiosamente de crímenes y de sacrificios inmerso en el universo del caos y absorbiendo energías, vapores y materia sangrante. El judío tratará de hacerse fuerte y de dominar la situación, haciendo valer sus resortes de poder mundial, pero todo acabará finalmente cuando la necrosis de la civilización impida al virus causante su propia supervivencia. El mundo moderno, un edificio corrupto edificado sobre valores falsos y criminales colapsará desde sus cimientos para derrumbarse estrepitosamente. Porque su propia esencia es enemiga de todo orden sano y de la dignidad humana, así como un crimen contra el principio mismo de la vida.

 

Pero en algún lugar, tal vez en un valle recóndito más allá de altas montañas cubiertas de glaciares transparentes, aguardará un grupo de hombres y mujeres libres que guardarán la memoria de los días antiguos, cuando el mundo era bello y los hombres conocían a los dioses. Reunirán la memoria, el conocimiento y la Ley de los divinos, grabándola para siempre en una piedra extraterrestre libre de la muerte. Y el hombre volverá a buscar la divinidad y a superarse a sí mismo, venciendo a la muerte y tendiendo puentes hacia el infinito. Y así nacerá una nueva estirpe que los dioses guiarán hacia la divinidad.

 

Más allá de los glaciares transparentes les aguardará el mundo, los restos de un mundo reducido a ruinas y caos y donde el espíritu de la muerte aguarda atento y escucha y siente, pues Jehová escucha a través de las criaturas de la tierra. Y al sentir la llegada de la estirpe divina libre y fuerte pisar la tierra y dominarla con fuerza y vigor, Jehová gritará de dolor y de rabia y desde entonces sólo ansiará apartarles de la divinidad, corromperles, destruirles y cubrirles con el manto de la putrefacción y de la muerte de la que “Él” es el Señor soberano.

 

Entonces volverá la Guerra de los Mundos y el mundo conocerá nuevas edades y volverán a crearse mundos, civilizaciones... La nueva estirpe dominará y renovará la tierra y creará espacios libres hacia el infinito, liberando el mundo y creando nuevos planos para el espíritu, desterrando a la muerte y cerrando para siempre los sellos del Maligno.

 

 

 
















LA FUERZA Y EL DESTINO DEL TIEMPO